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75 anys de 'Tossa Bonica': records, música i llegat familiar

Publicat per Maria Dolors Moncusí a

 

Hay melodías capaces de despertar un lugar entero en la memoria. Solo hacen falta las primeras notas para que nos transporten al olor salado del mar, al perfil característico de las murallas y, sobre todo, a ese azul de azules único que cautivó a Marc Chagall. Para todos los que llevamos Tossa en el corazón, esta melodía tiene un nombre propio: Tossa Bonica.

Este 2026 coinciden dos efemérides muy especiales: el 75.º aniversario del estreno de esta emblemática sardana y los 125 años del nacimiento de su creador, el maestro Francesc Mas i Ros (1901-1985). En Blaudeblaus hemos querido celebrar este doble homenaje de una manera muy diferente y emotiva.

Con la voluntad de conocer mejor la historia que se esconde detrás de Tossa Bonica, iniciamos una pequeña investigación que nos llevó hasta su nieta, la escritora Anna Genover i Mas. Lo que empezó con un primer contacto se fue transformando, casi sin darnos cuenta, en una conversación larga y generosa. Las notas de voz, las llamadas y los mensajes fueron despertando recuerdos que hacía años que dormían.

Cuando le pedimos si nos podía escribir unas breves líneas para acompañar este homenaje, Anna nos sorprendió con un relato de dos páginas lleno de memoria, emoción y aprecio por su abuelo. Ella misma nos confesó que revivir aquellos recuerdos la había emocionado tanto que también quería compartirlos en su propio blog. Para nosotros, poder publicar aquí una parte de este legado es todo un privilegio.

La atmósfera de un taller musical


Para la gran mayoría, esta obra es un símbolo musical de Tossa de Mar, pero para Anna y sus hermanos representa, ante todo, un pilar de su propia historia familiar. Gracias a los recuerdos que nos ha confiado, podemos imaginar la intimidad del taller donde trabajaba su abuelo —que también era su padrino—, situado en la calle Mayor de Caldes de Malavella. Allí, aislado del bullicio exterior gracias a unos cristales glaseados, pasaba horas sentado delante de su piano negro creando nuevas composiciones.

Anna nos describe su forma de trabajar como un proceso limpio, transparente y muy humilde:

«Era una escritura de artesano más que de virtuoso, de alguien que confiaba en el trabajo bien hecho pero que dejaba entrever al hombre afectuoso que se escondía detrás del compositor».

Sobre aquella mesa de madera donde se acumulaban utensilios sencillos y partituras, Anna recuerda ver los restos de la goma de borrar esparcidos por la superficie.

Aquellos pequeños restos de goma, aparentemente insignificantes, son hoy uno de los recuerdos más vivos que conserva. Para ella representaban el rastro físico de las dudas del compositor, las huellas silenciosas de cada nota y de cada compás repensados hasta encontrar la melodía justa.

Quizás es precisamente esta forma de entender la creación —sin prisas, con oficio y respeto por el detalle— la que nos hace sentir esta historia tan cercana.

Mensajes al otro lado del océano

Pero aquel pequeño despacho también era una ventana abierta al mundo. Aunque la pieza nació en la Costa Brava, pronto viajó muy lejos gracias a los Casals Catalanes del exterior, especialmente a lugares como Buenos Aires, Montevideo o Toulouse. En una época histórica muy oscura, estas entidades mantenían viva la cultura catalana en la distancia.

Durante nuestra conversación, Anna utiliza una imagen muy poética para describir la correspondencia de agradecimiento que recibía su abuelo desde todo el mundo:

«Aquellas cartas llegaban a casa como si fueran pequeñas botellas lanzadas al mar por catalanes que vivían lejos del país y que encontraban en sus sardanas una forma de mantener vivo el vínculo con la tierra».

El maestro respondía personalmente a cada uno de estos mensajes escribiendo a mano con un bolígrafo sencillo, enviando el calor de vuelta en sobres donde anotaba "por avión". Años más tarde, la misma Anna pudo visitar el Casal Català de Montevideo y comprobar con emoción que la música de su padrino todavía era plenamente recordada y querida, especialmente Tossa Bonica.

Una complicidad cotidiana

Anna también nos ha regalado una estampa muy entrañable de su infancia. Cuando eran pequeños, el abuelo adaptaba los arreglos de sus obras, incluyendo Tossa Bonica, para que sus nietos las pudieran interpretar en clase con la flauta dulce. Era una forma muy cercana de hacerlos partícipes de su mundo:

«Mientras el resto de alumnos interpretaban melodías del libro, nosotros aparecíamos con Tossa Bonica. Sin ser del todo conscientes, llevábamos una pequeña parte de su obra a las aulas».

Esta capacidad de adaptación —que hoy se traduce en versiones para piano, cobla o formaciones corales— demuestra hasta qué punto su música había sido pensada para ser compartida. Aunque algunos críticos de la época tachaban su música de ser excesivamente sencilla, Francesc Mas i Ros lo tenía muy claro: su prioridad no era la complejidad técnica, sino conectar con la gente y transmitir alegría de vivir.

Escucha Tossa Bonica

Para unirnos a este viaje emotivo que ha brotado de nuestra conversación con Anna, os invitamos a pulsar el play y a disfrutar de una interpretación muy de casa: la versión grabada por la misma Coral Tossenca.

🎵 Escucha la sardana "Tossa Bonica" interpretada por la Coral Tossenca

Escuchar las voces de nuestro pueblo cantando la letra de Mas i Ros es la unión perfecta entre la historia viva y el recuerdo de un hombre generoso que «supo convertir su música en un puente entre personas separadas por miles de kilómetros».

También podéis encontrar a continuación el homenaje realizado por la Principal de la Bisbal en el 70.º aniversario de la sardana, grabado en Vila Vella con la versión más reciente de la obra, incorporando las voces de la formación al marco incomparable que inspiró a su autor.

Un único diseño impregnado de melodía

Este hilo invisible, tejido con recuerdos, música y aprecio por el territorio, es de donde nace nuestra última pieza. Un diseño único y exclusivo inspirado en la poética de la letra, el ritmo y el espíritu festivo de su autor.

Se trata de una ilustración llena de movimiento, color y simbolismo que recoge gráficamente los elementos más queridos de nuestra villa y de la composición del maestro Mas i Ros. Rodeando las letras de Tossa Bonica, el grafismo destaca la imponente silueta de nuestra muralla, el tradicional busi, la Capella dels Socors, el Hotel Diana —que este año celebra 120 años de historia— y otros elementos paisajísticos y culturales de Tossa, encajados entre notas musicales que flotan y, en el centro, la icónica ostra con la perla que evoca directamente uno de los versos de la canción.


Este grafismo especial, trabajado desde la emoción, lo hemos serigrafiado artesanalmente en nuestro taller sobre artículos de algodón orgánico, convirtiendo cada pieza en un pequeño lienzo que homenajea la historia de toda la gente que ha amado este lugar y cree que Tossa siempre será un trozo de selva, mar y paraíso.

Quizás este es el verdadero secreto de Tossa Bonica: que, setenta y cinco años después, continúa haciendo exactamente lo que nació para hacer. Reunir personas alrededor de una misma emoción.

Gracias por acompañarnos en este viaje entre la música, la memoria y el diseño.

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Para saber más...

Durante la preparación de este homenaje, Anna Genover i Mas nos regaló un relato mucho más extenso del que inicialmente le habíamos pedido. Con su autorización, lo compartimos íntegramente para que cualquier persona que lo desee pueda descubrir con más profundidad los recuerdos familiares y la historia que rodean Tossa Bonica.

Texto de Anna Genover Mas sobre Tossa Bonica
Texto de Anna Genover Mas sobre Tossa Bonica

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